EL EJIDO El miedo

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EL EJIDO El miedo europeo a la inmigración desgarra a un pueblo español

Al contrario de Estados Unidos, estas naciones viejas no se consideran tierra de inmigrantes y mas bien creen que la inmigración, antes que un catalizador de innovaciones, es una amenaza para los empleos fijos.

– El dilema de El Ejido es el de toda Europa. España es un país rico cuya población envejece. Necesita emigrantes de países pobres, por mucho que su orgullo se resista a admitirlo.

– Eljabiry Salah, 29 años, tiene luz y agua en su chabola. No obstante su cama es un colchón de goma espuma colocado encima de las cajas que usa durante el día para recoger frutas y hortalizas. “El periodista Erik Martínez Westly traduce desde Washington para CORDEL el artículo del diario The New York Times publicado el pasado 8 de mayo, texto que por su interés reproducimos en su integridad.

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Roger Cohen.(Traducción: Erik Martínez Westley). El Ejido, España. Los naranjos recién plantados en la Plaza de Colonización sugieren cierto orgullo cívico en este pueblo del sur de España. Sin embargo, lo que queda entre los escombros y cenizas de Comunicaciones Afro-latinas demuestra que el civismo se ha esfumado. Las veinte cabinas telefónicas del establecimiento quemado eran usadas por los inmigrantes -en su mayoría marroquíes- para llamar a casa. Eso era antes de que les pegaran fuego el 20 de abril, dos días después de que el kiosco de prensa de un marroquí fuera también quemado en la ciudad cercana de Almería. Esto es racismo puro 12.000 dólares de inversión hechos añicos porque algunos españoles no pueden ver a los africanos, dijo Armán Elia Mejía, el dueño, que es a su vez un inmigrante de la República Dominicana. Estos son los últimos incidentes de una ola de violencia xenófoba en esta zona del sur de España. Tras el asesinato de una mujer española en un mercado local a manos de un marroquí, a principios de febrero, brotaron tres días de violencia en contra de los miles de trabajadores norteafricanos asentados en la zona.

EL PEOR CASO

Esta explosión social, conocida también como “la guerra”, ha sido el peor caso reciente de violencia racista en una Europa cada vez más incomodada por la inmigración. Cuando un pueblo se levanta es porque ya está cansado, dijo Alejandro Fernández, prometido de la mujer asesinada. Te lo digo: este sitio es una bomba de relojería. En cierta manera, la bomba es de fabricación local. En El Ejido pasaron muchas cosas en poco tiempo, creando una cultura sin raíces propicia para que saltara la chispa. El Ejido se hizo rico por la producción invernal de frutas y hortalizas, se hizo mixto por la enorme cantidad de trabajadores marroquíes que las recogían, se hizo resentido y tenso porque su identidad cambiaba de repente. Pero, de alguna manera, el dilema de El Ejido es el de toda Europa. España, como muchos de sus socios de la Unión Europea, es un país rico cuya población está envejeciendo rápidamente, con un bajo índice de natalidad, y con una aversión cada vez mayor a mancharse las manos trabajando. Necesita inmigrantes de países pobres por mucho que su orgullo se resista a admitirlo.

A través de todo el continente, jóvenes braceros emigran de países pobres -de África o de Europa del Este- engañados por las ofertas de trabajo, para enfrentarse a naciones hostiles que temen que su identidad cultural se diluya y que sus estados de bienestar se sobrecarguen. En Austria, el partido de Jörg Haider tiene como primer punto de su agenda luchar contra el exceso de extranjeros. En Alemania, los conservadores urgen a los ciudadanos a tener más hijos en vez de aceptar inmigrantes. En Francia se produjeron revueltas después de que la policía matase a un argelino. En Gran Bretaña surgen nuevas leyes drásticas para frenar el número creciente de los que piden asilo. La demografía de Europa requiere inmigrantes por una sencilla regla demográfica, dice Kristy Hughs, funcionaria veterana de las Naciones Unidas. Pero intenta decirle eso a la gente. El ambiente político es el de una Europa-fortaleza, aunque los inmigrantes hagan el trabajo que nadie quiere hacer y nos garanticen que no acabaremos como un continente de viejos. España está envejeciendo rápidamente. Sin un flujo de inmigrantes jóvenes y sin un cambio radical en la tasa de natalidad de 112 niños por mujer, será el país con el porcentaje más alto de ancianos del mundo en el 2050, según estudios de las Naciones Unidas. El 37% de la población tendrá más de 65 años en comparación con el 17% actual. Alguien tendrá que mantener a esa población que envejece bajo el sistema actual de seguridad social, financiado por los contribuyentes, que predomina en Europa. Alguien también tiene que estar dispuesto a trabajar de sol a sol en la Costa del Sol recogiendo tomates y albahaca para los cincuentones de Hamburgo y Helsinki que quieren comer ensalada mediterránea durante todo el año.