HABLAR SIN OIRSE

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ejido2En cada guerra, hay dos realidades entre las cuales parece que no se pueden tender puentes. Atrincherada en sus mundos opuestos, la gente habla sin oírse. Según las autoridades y empresarios españoles, los marroquíes son responsables, en gran parte, del cataclismo. Tenemos la muerte de Encarnación López, la mujer asesinada en el mercado, pero diez días antes ocurrieron otros dos homicidios perpetrados por marroquíes. Aquí hay más de 4.000 norteafricanos sin trabajo fijo dice Antonio Martín, encargado de la seguridad regional. Si no trabajan no pueden comer; así es que roban, trafican y causan problemas.Las quejas van más allá. Si los marroquíes viven en chabolas es porque no quieren pagar el alquiler, dicen los españoles. Si no pagan el alquiler es porque mandan el dinero a sus familias. Si alguna vez deciden alquilar quieren meter a 20 en un cuarto y ¿quién puede aceptar eso en Europa?

Siguiendo estos argumentos, los españoles fueron a Argentina y a Alemania a trabajar cuando el país era pobre, pero eran culturalmente compatibles, no como estos moros que esperan que se les dé todo lo que su propio país no puede ofrecerles y sin invertir aquí ni un céntimo. La realidad es que nos hace falta su trabajo y, por tanto, vamos a tener que aprender a vivir juntos, dice Antonio Escobar, director de Agroponiente. Nuestra mentalidad tiene que mejorar. Pero ellos también tienen que aprender a asimilarse. ¿Por qué tenemos que adaptarnos a su Ramadán? Fernández, 25 años, el hotelero apenado que se iba a casar con López antes de que su asesinato encendiera la violencia, todavía lleva el anillo de oro y sus ojos azules se llenan de lágrimas cuando habla de su amada. Era humilde, trabajadora y cariñosa … era perfecta para mí, dice señalando el crucifijo que le cuelga en el pecho. Pero una mujer no vale nada para un marroquí. La cambiaría por una cabra o por una oveja. Como en cualquier disputa, la verdad oscila entre las dos partes. Los Moros fueron los Árabes y Bereberes que conquistaron España en el siglo octavo y permanecieron en la península hasta su expulsión en 1492. La historia le añade cierta carga al problema. Los periódicos en Marruecos han estado denunciando a España por una nueva cruzada anti-islámica. Además, por si faltasen problemas, tras una gran y rápida expansión, la industria de productos agrícolas se ha estabilizado y los trabajos están empezando a escasear. Se paga cerca de 500 dólares al mes, cantidad que no atrae a los españoles, que esperan por lo menos el doble de eso, aunque el desempleo alcance un 15%. Nadie sabe con certeza cuántos norteafricanos están en la región.

Ali Blidan, líder de un grupo para los derechos de los inmigrantes, los estima en 45.000. La policía dice que menos de la mitad. La mayoría llegaron en la última década y, sin embargo, las plazas de El Ejido están llenas de jóvenes marroquíes desocupados. En la plaza del distrito de San Agustín, donde ardió la empresa -Comunicaciones Afro-latinas-, hay dos bares. A uno van los españoles y a otro los marroquíes. Los dos grupos, que no comparten ni los bancos, se miran sospechosamente. Al lado, en el cuartel local de la policía, Paco Ruiz, jefe de la policía local, ofrece una explicación diferente sobre lo que ocurrió la noche de la violencia. Segœn él, el problema lo causaron los marroquíes y argelinos, que no se aguantan. Como no pueden beber en sus países cuando llegan aquí pierden el control, opinaba Ruiz. Mirá a un visitante a los ojos y prosiguie: Puede que el fuego se haya apagado, pero las brasas siguen ardiendo. Este sitio va a explotar de nuevo.

EXODO A FRANCIA

Para asegurarse de que esto no pase, las autoridades han movilizado a varios cientos de policías extras desde febrero. También el Parlamento ha introducido una legislación que permite regularizar su situación a los inmigrantes ilegales que llegaron antes del 1 de junio de 1999. Pero a Ilhaimi Elhoussin no le interesa quedarse. En cuanto ahorre un poco, dice, quiere irse al norte, a un lugar más civilizado, como Francia donde espera trabajar en un restaurante. La bienvenida allí no promete ser más acogedora. La actitud de la Europa-fortaleza varía poco de país a país. La marcha desde el sur hacia el norte es inevitable, dice Jean Claude Chesnais, un demógrafo francés. ÒLa población de África crece 20 millones al año mientras la nuestra decrece rápidamente. El problema es que tenemos miedo de la inmigración que nos hace falta. Fern‡ndez, todavía de luto, ve lógico este miedo. La puñalada a su prometida fue una aberración, el trabajo de un hombre. Pero las emociones son irracionales y Fernández insiste en sacar conclusiones generales. ¿Quién -se pregunta- quiere jugársela viviendo con un vecino que es un completo desconocido?.